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martes, 17 de mayo de 2016

La música

                                                                        
       La música es algo tan extraordinario que pasa desapercibido normalmente. No nos  damos cuenta de cuántos beneficios obtenemos de ella sin que nos pida nada a cambio y algunas personas permanecen ajenas a esta, sea cual sea el tipo de música, aunque, en el fondo, la música siempre consigue mover algo en nuestro interior.
Es uno de los medios que hacen que el cerebro de los humanos se desarrolle mejor desde el vientre de la madre, por eso los médicos aconsejan escuchar música clásica a las embarazadas y a los bebés. Es la causante de que nuestra mente viaje en el tiempo a lugares diversos que nos evocan determinadas canciones y, con ello, se despierten en nosotros recuerdos que, de otro modo, no hubieran vuelto a nuestra mente. Eso produce cambios emocionales importantes en nuestro ser y, así, la música puede ponernos tristes y hacernos llorar, pero también es la causante de  muchas de nuestras alegrías y de nuestros buenos momentos.  

     Cada suceso de nuestra vida está ligado, de alguna manera, con alguna canción o melodía que, en un momento lejano, será la causante de que aflore en nuestra mente su recuerdo. Y eso tiene el poder de cambiar nuestros sentimientos en un segundo. Tiene tanto poder como la vida o la muerte. Las tres cosas cambian todo en un segundo.


Leonor Cuevas Martín

¿Seguiríamos vivos si no hubieran inventado facebook? Leonor Cuevas Martín

     
Hace treinta años, cuando era niña, me sorprendía de muchas de las cosas de las que me sigo sorprendiendo. He mantenido la capacidad de sorprenderme de lo que observo con la misma facilidad que lo hacía cuando era muy niña. Sin embargo, la situación ha cambiado a paso de vértigo y cuando, ahora, me encuentro en una situación determinada me acuerdo de cómo hubiera sido lo mismo hace treinta años.
     Ante un atardecer rosado, cuando el sol se va escondiendo y el cielo parece arder, a la vez que las nubes dispersas y con distintas formas se mezclan con el sol y la estampa que muestran es digna de enmarcar, mi primera reacción es de admiración, lo cual expreso con algún que otro grito de sorpresa y me dan ganas de echarle una foto e inmortalizar ese momento. Esto era muy distinto hace treinta años,  cuando me hubiera gustado echar una foto en mi cámara pequeña, que echaba las fotografías cuadradas (no conocí otra de ese modelo, más que la de mi madre), la cual estaba guardada en casa, seguramente con más fotografías sin revelar dentro de su carrete de veinticuatro fotos, en el  que reservábamos cada una de las restantes hasta acabar el carrete, para ocasiones especiales. Esta ocasión, con total seguridad, no merecería gastar una foto a los ojos de nadie de la familia ni de muchas familias de aquella época. Así que como resultado, mis ganas se guardaban en un rinconcito de mi corazón, me quedaba con la imagen en la cabeza y a otra cosa: sin frustraciones ni consecuencias extremas. Ahora, ante la misma imagen del cielo, puedo sacar mi móvil (si lo llevo, pues aún sigo dejándolo en casa en numerosas ocasiones, o llevo uno pequeño que no tiene cámara pero que era el deseado hace unos años: pequeño y útil, simplemente, aunque no haga fotos). Si llevas el móvil, en un caso así, la mayoría de las personas incluso los niños, no se conforman con hacer una foto, como hago yo, sino que ya puestos, la comparten en facebook, la envían por whatsapp y, al momento, un montón de gente de todos los rincones del planeta conocen que esa tarde en su zona hay un atardecer precioso del que muchos de los que lo vean por internet no podrán disfrutar en directo en ese momento, porque  puede que estén muy lejos.
     Y lo que es más grave de este tema, lo cual me sorprende, es que los padres de niños de ahora, que vivieron mis tiempos de niñez, puedan llegar a considerar que si sus hijos no disponen de esa inmediatez a su antojo, puedan sentirse inferiores o frustrados. ¿Acaso, no pasaron ellos por situaciones parecidas y están vivos? Creo que el tener que controlar los impulsos y tener que racionalizar las necesidades nos hace menos vulnerables de cara al futuro, más fuertes, con más recursos para afrontar las distintas situaciones de la vida.
     ¿No seguiríamos vivos si no se hubiera inventado facebook?

Leonor Cuevas Martín



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